El mejor alimento
Antonio Dal Masetto nació en Intra, Italia, en 1938. En 1950 emigró a la Argentina y se radicó en Salto con su familia. En sus textos se tamizan retazos de sus experiencias vitales como en este fragmento de Reventando corbatas.
La historia causa impresión en las mujeres y agrega un matiz nuevo a la charla. Una, escandalizada, sostiene que don Honorio estaba cometiendo pecado. Otra, comprensiva, considera que dadas las circunstancias, sería imposible culparlo. Una tercera, gorda, autoritaria, dice: “Creo que es uno de los casos en que el cuerpo del Señor ha sido bien utilizado”. Una cuarta apoya el criterio de la gorda: “Bien mirado, el cuerpo de nuestro Señor es el mejor alimento”. ¿Cuántas hostias podría consumir por día?”, pregunta otra. Se oye la voz de don Yaco: “No muchas, a esa edad se come como un pajarito”. Una anciana que está con su nieta razona: “¿Cómo podría morir de inanición alguien que se alimenta de eso?” La nena, que ha estado escuchando todo con atención, interviene: “¿No se habrá intoxicado?” La abuela le pega un tirón de pelos y la hace callar. La nena se queja, se frota la cabeza, murmura: “Y bueno, si comía tantas a lo mejor se intoxicó”. La primera mujer: “Seguro que para hacer las cosas más rápido las masticaba y eso sí es pecado”. Nuevo aporte del anciano que contó la historia de don Honorio: “Oí decir que una vez intentó profanar el sagrario para llevarse las hostias; para mí que ya no podía comer otra cosa”. Don Yaco: “Se había convertido en adicto, toda adicción es mala”. Otra mujer: “Profanar el sagrario es una herejía, no me digan que no”. Nuevas interpretaciones. Ahora más acaloradas. La cosa promete durar y ponerse interesante. De tanto en tanto, el aporte de don Yaco que sigue arrojando frutas y verduras sobre la balanza: “¿Por qué no consultan con el Vaticano?” Y así va transcurriendo la mañana.



