septiembre 30, 2004

Ultimo de Borges

LA MUERTE

En 1975, a los 99 años, muere Leonor Acevedo de Borges, madre del escritor. En el velatorio, una mujer le da el pésame a Borges y comenta: -Peeero... pobre Leonorcita, morirse tan poquito antes de cumplir los 100 años. Si hubiera esperado un poquito más. - Veo, señora -le contesta Borges-, que es usted devota del sistema decimal.

Borges cumple 85 años y un grupo de personas se reúne en la puerta de su casa para saludarlo. Borges dice que acepta ese homenaje “con humilde resignación”, y los cita para el año siguiente, pero en el cementerio de la Recoleta.

Ultimo verano del escritor. En unos estudios de Martínez, filma un aviso publicitario para apoyar el lanzamiento de “La biblioteca de Borges”. Estás entado,solo, en medio de una sala. El calor de febrero agobia y los spots que lo iluminan hacen más insoportable la espera.- ¡María! -llama de pronto-. ¡María!-repite. María Kodama se acerca hasta él. - María - le pregunta-. ¿Ya estoy en el infierno?.

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septiembre 29, 2004

Más Borges

LA CEGUERA.

Una mañana de octubre de 1967, Borges está al frente de su curso de literatura inglesa de la facultad. Un estudiante entra para anunciar la muerte del Che Guevara, y pide la inmediata suspensión de las clases para rendirle un homenaje. Borges dice que ya habrá un mejor momento para el homenaje. El estudiante le grita: - Tiene que ser ahora y usted se va.- No me voy nada -se planta Borges-. Y si usted es tang uapo, venga a sacarme del escritorio. El estudiante amenaza con cortar la luz. -He tomado la precaución -retruca Borges- de ser ciego esperando este momento.

Principios de la década del ‘70. La escritora Clara Argibay avanza por un pasillo de la Biblioteca Nacional. De pronto advierte que, en sentido contrario a ella,viene Borges. El pasillo es muy angosto y, entre la emoción y el nerviosismo, ella duda hacia dónde correrse para facilitarle el paso. Se mueve hacia la izquierda y hacia la derecha varias veces. Finalmente, queda casi de espaldas a la pared. Con la mirada perdida al frente, como si no hubiera advertido su presencia, Borges pasa junto a Argibay y le dice: - El ciego soy yo.

Preparativos para una charla en Buenos Aires. La organizadora lo consulta sobre si conviene que ella pida silencio en el momento de comenzar la conferencia. Borges le replica que lo único que quiere es un vaso de agua. Como presintiendo el gesto de asombro que ha provocado, explica: -Pedir silencio es un poco agresivo. Cuando voy a comenzar a hablar realizo el simulacro de buscar mi vaso de agua. Tanteo el aire. La gente se conmueve y, de inmediato, se calla.

A Borges le preguntan por su cuñado, Guillermo de Torre.- La relación va cada vez mejor. Yo no lo veo y él no me escucha. De Torre, por aquel entonces, se estaba quedando sordo.

LA GUERRA

Una periodista chilena lo consulta sobre el conflicto entre Argentina y Chile por las islas del Beagle. En 1978 la guerra es una posibilidad cierta. -Argentina y Chile -propone Borges- deberían ser generosos y ofrecer esas tres islas perdidas a Bolivia, que aún no tiene salida al mar.

En 1983, un periodista de La Nación le pide a Borges su opinión sobre la Guerra de Malvinas. - Absurda -define el escritor-. Estoy triste, muy triste. Mandaron a esos pobres muchachos de veinte años a morir al sur. Tener veinte años y pelear contra soldados veteranos es algo atroz,inconcebible. Solamente en el crucero General Belgrano murieron cientos. Claro que los militares dirán que al lado de los desaparecidos esa cifra no es nada, pero no creo que les convenga ese argumento. No, no les va a convenir.

Sobre las Malvinas también opinó que “la Argentina e Inglaterra parecen dos pelados peleándose por un peine”.

Un conocido político que lo visita durante el conflicto con Gran Bretaña le dice: - Supongo, señor, que después de nuestra toma de las Islas Malvinas su opinión sobre la literatura inglesa se habrá modificado.- Sí -responde Borges-. Ahora estoy en guerra con Shakespeare y con Sherlock Holmes, y he desafiado a duelo al doctor Johnson y a De Quincey.

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septiembre 28, 2004

Minuciosidad

perpetrado por Baterflai

a) Miro el reloj. Me tiro en la cama. Miro a la pared. Cierro los ojos. Pienso. Pienso. Pienso. Pienso. Abro los ojos de golpe (zas, se me hizo tarde). Miro el reloj. Solamente pasaron 3 minutos. Pero me siento cinco años más vieja.

b) Miro el reloj. Me siento en el asiento vací­o al lado de la gorda de los paquetes. Empiezo a mirarles los pies a todos los del vagón (a esa hora vamos todos sentados). Sandalias de muchos km por pasillos de oficinas, ojotas con metros y metros de asfalto bajo la suela, zapatillas de cientos de mangos per pata. Borceguí­es de espesí­sima suela. Al final, la única que va a 20 cm del piso parezco ser yo.

c) Miro el reloj. Tic. Espacio. Tac. Espacio. Tic. Enestespaciopuedenpasarcosasterribles. Tac. Miráquecosa,ahivieneotro. Tic. Mequedomirandolaaguja. Tac. Porahí­memuerojustoahora. Tic. Queidiota,miralascosasquesemeocurren. Tac. Alfinalsoyunaneuroticadeporquerí­a. Tic. Queganasdemorirmejustoahora. Tac. Peronoidiota,lanena,pensaenlanena. Tic. Si,cierto,conlaquesequeseviene,comoparapensarenestashuevadas. Tac. Enestespaciopuedenpasarcosasterribles. Tic.
Puedepasarquehastaaalguienseleocurraquerermeytodo. Tac. Tic. Tac. Tic.

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Borges, el humorista

Borges será recordado como un extraordinario escritor, quizás uno de los mejores de todos los tiempos. Su genialidad no sólo quedó patente en las páginas de suscuentos, poesías y ensayos, sino en innumerables situaciones de la vidac otidiana, en las que sus respuestas siempre dejaban entrever un intrincado juego deinteligencia y humor. Ese sentido del humor, ácido a veces, pero inteligente siempre, es el que tratamos de rescatar con esta serie de anécdotas del escritor. Porque, como el mismo Borges dijo alguna vez, “hay que interesarse por las anécdotas. Lo menos que hacen es divertirnos. Nos ayudan a vivir, a olvidar por unos instantes”

PROPUESTA. En la década del ‘40, durante una reunión de la Sociedad Argentina de Escritores sobre la situación de la literatura argentina, el poeta Vicente Barbieri inquiere a los gritos: - ¿Y qué vamos a hacer por nuestros jóvenes poetas? Desde el fondo llega otro grito, éste de Borges: - ¡Disuadirlos!.

CANIBALES. En una entrevista, en Roma, un periodista trata de ponerlo en aprietos. Como no lo logra, prueba con algo abiertamente provocativo: - ¿En su país todavía hay caníbales? -Ya no -contesta Borges-, nos los comimos a todos.

RELATIVIDAD. En Francia, en un programa televisivo, le preguntan:- ¿Usted se da cuenta de que es uno de los grandes escritores del siglo?. - Es que éste -evalúa Borges- ha sido un siglo muy mediocre.

NOBEL. Roma, 1981. Rueda de prensa en un hotel de la Vía Veneto. Llegala última y típica pregunta:- ¿A qué atribuye que todavía no le hayan otorgado el Premio Nobel de Literatura?. - A la sabiduría sueca.

EL PERONISMO. Un grupo de jóvenes nacionalistas visita al escritor con el fin de solicitarle, de forma imperiosa, su firma para la repatriación de los restos de Juan Manuel de Rosas. Borges se niega. -Hay otra repatriación más urgente, la de los restos de Perón. Esa adhesión la firmaré con gusto. El general Juan Domingo Perón, en ese entonces, gozaba de una excelente salud en su casa de Madrid.

EL PSICOANALISIS. A fines de los ‘60, lo invitana Borges a un congreso internacional de psicoanalistas y psiquiatras en los EstadosUnidos. Es el único escritor en el encuentro. -Maestro, ¿cómo se siente ser el único escritor entre tantos psicoanalistas? -le preguntan. - En realidad estoy entre mis pares -contesta con una sonrisa-. ¿No es acaso el psicoanálisis una rama de la literatura fantástica?.

UN TONTO. Funcionarios del Ministerio de Educación lo visitan para ofrecerle un auto con chofer. El escritor lo rechaza, pero los funcionarios insisten. - Pero Borges, el gobierno dispone de muchos autos para servir a distintas personalidades. - Es que en un país donde hay tantos vivos, tal vez sea bueno que haya algún tonto para equilibrar.

VANIDAD.La reunión muestra a un grupo de escritores jóvenes dispuestos a escucharlo. Uno sólo, en forma notoria, es la excepción. Preocupado por narrar sus proyectos y su porvenir literario, logra incomodar hasta al propio Borges. En un momento, el joven irreverente dice que él también, como el autor de Las ruinas circulares, se dejaba impresionar por los sueños y los espejos, y cuenta que muy pronto realizará un cuento con un sueño en el cual su madre, fallecida diez años atrás, lo saludaba desde un espejo. Borges sale alruedo.- ¿Su madre lo saludaba desde un espejo?.- Sí, así es.- ¿Y había muerto diez años atrás? -vuelve a preguntar.- Sí, exactamente. Después de una larga pausa, Borges, impiadoso, reflexiona:- Qué atenta su madre.

EXAMENES. Para Borges, los exámenes eran un mecanismo de premios y castigos, completamente ajeno a la literatura. “Estimulan la pedantería y desalientan la curiosidad”, decía. Cuando le acotaban que sin la obligación de rendir exámen los alumnos no estudiaban, respondía que le estaban dando la razón. - Si sólo por el temor de los exámenes acuden a los libros, se han equivocado de carrera. ¿Por qué no se dedican a la agricultura o al comercio?.

GALANTERIA. Borges está tomando exámenes de literatura italiana como profesor adjunto. Una alumna le resulta simpática y él pretende ser benévolo.- ¿No es verdad, señorita, que La divina comedia está escrita en verso? -le pregunta. La alumna contesta que no. - La felicito -señala Borges-, porque seguramente la obra de Dante es mejor en prosa que en verso.

CURRICULUM. Antes de ser nombrado profesor titular de la Universidad de Buenos Aires, le solicitan a Borges un currículum. - Denme un par de semanas -responde Borges-. Es ungénero nuevo el que usted me propone y necesito tiempo para abordarlo. Dos semanas después, el profesor Delfín Garasa pasa a buscar el currículum. -¡Caramba! -exclama Borges-. Aún no lo hice. Pase mañana, por favor. Al día siguiente, desconcertado, Garasa lee el texto entregado por el escritor: “JorgeLuisBorges, nacido en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899. Ex profesor de la Universidad de Austin. Autor de algunos libros de poesía, cuentos y ensayos”.

IMITADORES. En una conferencia alguien le pregunta si le irritan quienes imitan su estilo. - Los imitadores son siempre superiores a los maestros. Lo hacen mejor, de un modo más inteligente, con más tranquilidad. Tanto que yo, ahora, cuando escribo, trato de no parecerme a Borges, porque ya hay mucha gente que lo hace mejor que yo.

PELIGRO. Borges es acosado por unas señoras en el momento mismo en que cruza la calle. -¿Usted es Borges, verdad? -pregunta una de ellas. -Sí -responde el escritor-. Pero si seguimos aquí corro el riesgo de dejar deserlo en cualquier momento.

ESCRUPULOS. En un hotel de Rosario, Borges abre la canilla para lavarse las manos. Hay aire en las cañerías y el escaso chorro sale produciendo el típico ronquido. La mucama le pregunta: - ¿Qué pasa, no sale agua? Borges se da vuelta y responde:- Sí, pero con escrúpulos.

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septiembre 22, 2004

La memoria, esa incomodidad

En el Jardín de las delicias, Marco Denevi juega con varios mitos eróticos. Uno de ellos es el de Dido y Eneas, que Virgilio relata en La Eneida y que Denevi reescribe, trastocando detalles e imaginando por qués inexistente en el original.

Se encontraron por un capricho del azar. No se conocían, pero les bastó mirarse para caer fulminados por lo que en Sicilia llaman el rayo del amor. Sin pronunciar una palabra corrieron al lecho (al de ella, que estaba siempre pronto) y se lanzaron el uno contra el otro como los pugilistas en el gimnasio. A la mañana siguiente fue Eneas el primero que despertó. Decidido a proseguir su viaje por el Mediterráneo, e incapaz de abandonar a una mujer sin una explicación, le dejó sobre la mesita de luz un papel en el que escribió con sublime laconismo: "¡Desdichada, lo sé todo! Adios". Y se fue, la conciencia tranquila y el ánimo templado. Varias horas después Dido abrió los ojos, vio la esquela y la leyó. "¿Qué es lo que sabe de mi, si ni siquiera le revelé mi nombre?", se preguntó, estupefacta. Por las dudas comenzó a pasar revista a su pasado, hasta que experimentó tanta vergüenza que se bebió un frasco íntegro de vitriolo.

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Volamos

Como puesta ante un apacible e inofensivo misterio, que puede serlo, con ganas de hablar, que a mí me faltan, me cuenta de su gato. Es, sí. Claro que es; pero... Ante todo, como es huérfano, recogido por compasión, se ignora su ascendencia. Es gato y le agrada el agua. De las acequias no prefiere los albañales, sino la corriente barrosa. Se lanza acezante, pisa fuerte y salpica: hunde las fauces y hace que toma, pero no toma, porque es de puro goloso que lo hace. Puede pensarse que no es un gato, que es un perro. También por su actitud indiferente en presencia de los demás gatos. Pero es que asimismo se limita a observar desde lejos a los perros y ni siquiera se enardece frente a una pelea callejera. Como al emitir la voz desafina espantosamente y además es ronco, no puede saberse si maúlla o ladra. Hago como que me asombro. Pero no abro la boca, porque de preguntar o comentar me preguntaría por qué pienso así y tendría que explicar y complicarme en un diálogo. Empero ya no me habla: se habla. Revisa lo que sabe y quiere saber más.
Es gato y le gusta el agua. Eso no autoriza a concluir que sea un perro. Ni siquiera está la cuestión en que sea perro o gato, porque ni uno ni otro vuelan, y este animalito vuela; desde hace unos días se ha puesto a volar. Yo espero que me pregunte si creo que se trata de una brujería. Pero no; al parecer, no cree en eso. Yo tampoco; aunque lo pensé. Mejor dicho, pensé que ella lo pensaba. Pero no. ¿No te maravillas? Sí; seguramente. Me maravillo. Cómo no. Me maravillo. Podría maravillarme, cómo no. Pero no. Puedo maravillarme porque el gato-perro vuela.
Pero es que no sólo hablo. Estoy pensando. Pienso que ella supone que he de maravillarme porque lo que creyó era gato puede ser perro o lo que puede ser gato o perro puede ser un ave o cualquier otro animal que vuele. Debiera maravillarme porque, lo que se cree que es, no es. No puedo. ¿Acaso me maravilla que tú no seas lo que tu esposo cree que eres? ¿Acaso me maravilla no ser lo que mi esposa cree que soy? Tu animalejo es un cínico, nada más. Un cínico ejercitado.

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septiembre 15, 2004

Este nombre

Este nombre de sueño que te nombra.
Este nombre pequeño, pero grande.
Apretado de gracia y de ventura.
Encendido de ardores y de afanes.

Este nombre dulcísimo de cielo.
Este nombre celeste como el aire.
Con sabores de canto y lejanía.
Y de luz. Y de agua. Y de paisaje.

Este nombre de lírica sustancia.
Este nombre que entraña lo inefable.
Lo divino. Lo puro. Lo perfecto.
El latido armonioso de la sangre.

Este nombre de cielo que te nombra.
Este nombre de hechizo inexplicable.
Y sentido. Y total. Y jubiloso,
es el nombre cabal para nombrarte.

Tú te llamas Azul, como la altura,
y en azul, que es belleza, te repartes.

María Alex Urrutia Artieda
Azul, Buenos Aires, 1966

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septiembre 13, 2004

Angel caído

de Manuel Cruz Mesa

El hombre proclama el amor que le tiene a aquella mujer, jura ser capaz de hacer cualquier cosa por ella, de alcanzar la sublimación o degradarse hasta la ignominia con tal de conseguirla. "Por tu amor haría lo que fuera; daría mi vida por ti", insiste, convencido. Y lo cree. La mujer no considera sinceras las palabras de aquel hombre que proclama el amor que le tiene, que jura ser capaz de hacer cualquier cosa por ella, de alcanzar la sublimación o degradarse hasta la ignominia con tal de conseguirla.
"¿Realmente darías tu vida por mí? ¿Harías lo que fuera?", inquiere, dubitativa. Y no lo cree. Los dos extraños llegan hasta el borde de la azotea de ese dificio de siete pisos, siete. El viento sopla allí como un fúrico endemoniado presa de la asfixia. Abajo espera el asfalto. Ella lo mira con sus ojos capataces y comenta solemnemente (porque siente que aquel es un instante decisivo que amerita gran solemnidad), la frase destinada a terminar con el asedio: "No estaré segura de que me amas ni creeré en tu afirmación hasta que, sin haberme tenido, seas capaz de sacrificarte sin dudarlo. Entonces yo sabré que realmente me quisiste más que nadie". Él palidece.
Ella mira hacia el vacío. El sol brilla sobre sus cabezas coronadas de polvo, coronadas de luz. Intentando parecer sereno (porque intuye que aquel es un momento supremo que requiere enorme serenidad), él contesta lo que concluirá de tajo con su lucha: "Si lo hago, moriré. ¿De qué servirá el que sepas que en verdad te amo, si ya nunca podrás ser mía?". Ella sonríe. Mide con cuidado cada sílaba pronunciada: "¿Ves cómo no era verdad que estuvieses dispuesto a todo por mí? ¿Te das cuenta de la manera en que tu supuesto amor flaquea ante la primera prueba? ¿Aceptas ahora que en realidad no me quieres al grado de dar tu vida por demostrarlo?". Él parpadea con nerviosismo. Ella mira el filo de la azotea. El sol no cesa de brillar sobre sus rostros bañados de sudor, bañados de reflejos. Él la ama.
Se dirige hacia la orilla. Sube al borde y voltea a mirarla. Espera que lo detenga aunque sabe que no lo hará. Ella solamente observa. "Te amo", afirma él con tono inseguro y salta. Durante su caída gira con gracia en el aire antes de estrellarse. El sol no cesa de brillar. Ella mira hacia abajo.
Ahora le cree. Pero no lo ama. Y en el funeral, que se celebra al otro día, porta luto, llorando inconsolablemente por haber perdido al único hombre que realmente la amó.

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septiembre 02, 2004

Mínimas

En esta edición decidimos incluir varias historias en una, cuentos hiperbreves que no superan las quince líneas, pero que están llenos de inteligencia y efectividad discursiva.

Catequesis
-El hombre -enseñó el Maestro- es un ser débil.
-Ser débil -propagó el apóstol- es ser un cómplice.
-Ser cómplice -sentenció el Gran Inquisidor- es ser un criminal.
Marco Denevi

Despertar
Despertó cansado,como todos los días. Se sentía como si un tren le hubiese pasado por encima. Abrió un ojo y no vio nada. Abrió el otro y vio las vías.
Norberto Costa

El hombre invisible
Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.
Gabriel Giménez

Emán Cláusula III
Soy un Adán que sueña con el paraíso, pero siempre me despierto con las costillas intactas.
Juan José Arreola

A destiempo
Llevaba tantos días sin hablar con nadie ni oír las noticias que no podía saber que los servicios de limpieza de la ciudad estaban en huelga. Cuando saltó desde la ventana del octavo piso fue a caer sobre una montaña de bolsas de basura. Y ni siquiera tenía las llaves de su apartamento.
Tomás Onaindia

Las sirenas
Otra versión de la Odisea cuenta que la tripulación se perdió porque Ulises había ordenado a sus compañeros que se taparan los oídos para no oír el pérfido -si bien dulce- canto de las sirenas, pero olvidó indicarles que cerraran los ojos, y como además las sirenas,de formas generosas, sabían danzar...
José de la Colina

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