octubre 11, 2005

La Plata: paraíso de los vagos

Con sus Aguafuertes, Roberto Arlt (1900-1942) recorrió las calles y rescató para los lectores el léxico de los rufianes, de los ladrones y de la marginalidad. En este caso, el genial escritor y periodista habla de La Plata del '30, “el paraíso de los fiacunes”.

Cada vez que a un vago amigo le he preguntado dónde trabajaba, me contestó: -Tengo un empleo en La Plata. Y tan frecuentemente he recibido esta contestación, que llegué a formarme la idea de que la benemérita ciudad de La Plata era algo así como el vaciadero de toda la atorrancia porteña, el paraíso de los "fiacunes" que necesitan justificar un medio de vida. Ayer, después de arduas cavilaciones, resolví hacer un paseo hasta la ciudad ignota y desconocida. Como es natural, en la estación no me esperaba ni una banda de música ni una comisión de vecinos distinguidos, por lo que pude inspeccionar la ciudad a mi antojo y sabor, es decir, darme cuenta con mis propios ojos de lo que, sin tratar de parecerme a los viajeros distinguidos, llamaré "magnífica ciudad". Y lo es sin vueltas. ¡Silencio, sol, árboles! Insisto: La Plata es el paraíso de los vagos, el templo de los enfermos de actividad, el gran específico para los neurasténicos, la tabla de salvación de los "esquenunes". La Plata es la tierra de promisión de todos los que sueñan con una vida de espaldas al sol. Me he quedado encantado con esta ciudad. Alguien me dice que esta ciudad es de estudiantes... ¡Puede ser! Yo no he visto estudiantes en ninguna parte, sino gente pacífica, tranquila, que en los cafés hace rueda desde temprano, como si su ocupación fuera balconear la vida y a los pájaros que picotean sus sombras en las veredas.

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